¿Cree que fue debido al ministro de Educación que no se le dio al confianza al premier Cateriano?

En su último discurso ante el parlamento -al promediar las 5.30 de la madrugada- el todavía premier Pedro Cateriano dijo que se le “advirtió” que no había consenso político respecto a la ratificación del ministro de Educación, Martín Benavides, por lo que sería difícil obtener el voto de confianza necesario para su permanencia y la de sus ministros.

A mi se me advirtió que no había consenso respecto a la ratificación del ministro de Educación y que por lo tanto iba ser difícil que se me extienda el voto de confianza”, aseguró. A reglón seguido, mencionó que desde el punto de vista político -cuando se armó el gabinete- se consideró esta ratificación como un “mensaje político” de apoyo a la reforma universitaria que emprendió Benavides cuando lideró la Sunedu.

Por ello, la pregunta de hoy es:

¿Cree que fue debido al ministro de Educación que no se le dio al confianza al premier Cateriano?

Es muy simplista culpar solo al Congreso por la negación de la confianza al gabinete, cuando el mismo Cateriano contribuyó a construir condiciones para un desenlace como este. Es evidente que el Legislativo se ha convertido en una fosa de intereses minúsculos y mercantilistas, siendo los vinculados a la educación superior los más evidentes de todos. El descaro de los operadores políticos de ese lucrativo negocio llegó a extremos inauditos al pedir la cabeza del ministro Benavides a cambio de votos, lo que es una suerte de extorsión, pero ese no ha sido el único asunto. Finalmente, si solo se trataba de eso, el Congreso podía luego censurar a Benavides sin necesidad de cargar con el peso de la negación.

No encuentro sentido para el discurso tan confrontacional de Cateriano, que alejó, por razones ideológicas, a bancadas necesarias para lograr los votos. Por coherencia política, estos grupos difícilmente iban a validar ese discurso en clave de capataz. A Cateriano se le olvidó que la política es el arte de lo posible, lo que implica saber leer la cancha donde uno está jugando el partido. Ese no era el lugar ni el momento para pechar a quienes no piensan como él, sino de trabajar desde las coincidencias, sobre todo si tiene que sumar para ganarle a una banda de mafiosos. El gobierno tiene que darse cuenta de que el problema no ha sido solo el Ministerio de Educación.

Pero la política es tan sorpresiva que Vizcarra quizá sea el que mejor parado ha salido. En el pantanoso juego de poderes es difícil saber para quién trabaja cada uno: el Congreso queda como obstruccionista y Vizcarra como alguien que busca soluciones. Además, se coloca como defensor de la reforma educativa y, al aceptar la derrota y pasar la página, se pinta de institucionalista. A la larga puede que le hayan hecho un favor. Ahora, que utilice ese oxígeno ganado para salir del hoyo en el que nos encontramos.

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